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Los Angeles

" Los ángeles son a Dios lo que los rayos del sol, a éste.
Dios los creó para que estuvieran a nuestro servicio y nos atendieran.
Su razón de ser es contestar a nuestras oraciones.
Aunque vivamos en el mundo material ellos constituyen el vínculo especial que nos une a Él. Además, cada uno de nosotros tiene en su interior un fragmento de Dios, una chispa divina, que le permite acudir a los ángeles en busca de ayuda, ¡y esperar resultados! "

lunes, 12 de diciembre de 2016

Mensajeros celestiales


                                

Dada la inhabilidad del ser humano corriente para comprobar por sí mismo la existencia de los ángeles, la Teosofía se apoya en el testimonio de clarividentes quienes, invariablemente, describen a los ángeles como seres etéreos y tan intensamente radiantes que parecen estar hechos de materia ígnea. Entre los clarividentes más notables que han tenido oportunidad de observar Devas, se encuentran Geoffrey Hodson (autor del “El Reino de Los Dioses” y otras obras que describen el resultados de sus observaciones) y H.P. Blavatsky, cuya descripción de los ángeles coincide en afirmar que se trata de “seres que irradian una luz desconocida en tierra y mar”.
“El Cosmos entero está controlado, animado y guiado por una Jerarquía de seres espirituales de infinita variedad, cada una de ellos cumpliendo una misión determinada, y cuyos integrantes, llamémosles como les llamemos –Dhyan Chohans o Arcángeles, Devas o Ángeles- no son otra cosa que “mensajeros” en el sentido de que son agentes de las leyes kármicas y cósmicas. Estos seres varían infinitamente en lo que se refiere a sus grados de consciencia e inteligencia, y llamarles puramente “espíritus” sin conexión alguna con la materia terrestre es caer en indulgencia poética, ya que cada uno de ellos fue o se apresta a ser un ser humano en un ciclo pasado o futuro respectivamente. En consecuencia, la variedad incluye dos tipos fundamentales: aquellos que podrían definirse como seres humanos incipientes y aquellos que son seres humanos perfeccionados porque han ya trascendido el reino humano. Estos últimos, en su presente existencia en esferas menos materiales, difieren moralmente de los seres humanos corrientes en el hecho de que no están sujetos a los sentimientos propios de la personalidad y naturaleza emocional humanas, características éstas puramente terrestres”
Esta diferencia se dá debido a que los perfeccionados, es decir, aquellos que han ya completado su proceso evolutivo humano, han logrado, en virtud de ello, liberarse de las limitaciones impuestas por la personalidad y las emociones humanas. Los incipientes, en cambio, no tienen aún cuerpo físico, careciendo así del sentido de la personalidad o EGO-ísmo. Este postulado teosófico, basado en la observación clarividente directa, está en oposición a la idea tradicional cristiana que sostiene que los ángeles son seres humanos fallecidos.
La teosofía postula el universo como compuesto de siete tipos básicos de materia, vale decir, siete campos de energía vibratoria manifestados en forma de esferas que se compenetran e interactúan. Más aún, teniendo en cuenta aquel axioma oculto que establece que todo lo manifestado obedece a un propósito claramente predeterminado en el Plan de la evolución cósmica, es razonable suponer que los seis campos de energía que coexisten con el físico compenetrándolo, tienen un importantísimo papel que desempeñar en este Plan. Estos campos, dispuestos como esferas, constituyen lugares de manifestación de numerosas entidades cuyos cuerpos están hechos de la materia del campo al cual pertenecen. Hay, en consecuencia, ángeles astrales, mentales y otros más elevados y más sutiles aún, tan sutiles de hecho, que sus “cuerpos”, sin forma, aparecen a la observación clarividente sólo como complejas y hermosas radiaciones de luz.
No existe la “magia” en los trabajos de la Naturaleza, y aquello que conocemos como Ley Natural no es en forma alguna una fuerza ciega siguiendo dictados automáticamente sino más bien el trabajo de Altas Inteligencias cuya real naturaleza permanece fuera del entendimiento humano y a través de las cuales fluye la vida del Logos, nuestro Padre Celestial. Estas Altas Inteligencias realizan su labor secundadas por innumerables huestes de seres angélicos de menor grado que pueblan los campos vibratorios antes mencionados formando una gigantesca estructura compuesta de Jerarquías, Órdenes, Grados, etc.…. Hemos dicho también que el proceso evolutivo no procede en línea recta sino en un círculo cuya primera mitad llamamos “arco descendente” y su segunda “arco ascendente”, es decir, involución y evolución respectivamente. Se nos dice que estos seres, en su inmensa variedad, pueblan ambos arcos. Hay, en consecuencia, Devas que están aún involucionando, es decir, descendiendo hacia la materia física, hacia la etapa humana, como también aquellos que están emergiendo de ella a través del arco ascendente, entrando a la etapa super humana y exhibiendo, como es lógico, un grado de consciencia superior al de los anteriores y por cierto también al de los seres humanos. Estos dos grupos dévicos se clasifican separadamente: a los que se encuentran en el arco descendente se les llama “espíritus de la naturaleza”; y a los que se encuentran en el ascendente, ángeles, arcángeles, y demas jerarquías angelicales.
                                                       

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